Charles Frederick Worth
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Charles Frederick Worth
Charles Frederick Worth (1825-1895)
Este modisto Inglés llegó a París tras siete años de formación en Londres. En 1858 funda junto a su socio Boberg su propia casa de moda en la Rue de la Paix, de la que toma en 1871 la dirección en solitario.
Worth sentó las pautas que definirían el concepto del diseñador moderno, atribuyéndose la categoría de celebridad mediante un acto atrevido pero sencillo: firmar sus prendas cual si fueran obras de arte.
Además, cada nuevo año presentaba una colección con la que aumentar sus ventas y por tanto sus beneficios. Esta innovación revolucionaria de las colecciones de temporada es una fuente de la que los actuales diseñadores siguen sacando provecho.
Las líneas de Worth eran sencillas, redujo la crinolina, de modo que la falda caía plana por la parte delantera y recogió el exceso de tela por detrás.
La palabra modisto se creó especialmente para calificar a Worth, que consiguió unir la técnica inglesa del corte con el derroche de elegancia propio de los franceses.
Así pues, el joven Worth se convirtió en un personaje y trabajó en círculos privilegiados siendo el modisto favorito y vistiendo a personalidades de la época, como la Emperatriz Isabel de Austria, Eugenia, la esposa de Napoleón III, Sarah Bernhardt y Eleonora Duse. Debió gran parte de su fama a las emperatrices de la época: Isabel y Eugenia. Ambas se hicieron retratar para la posteridad luciendo diseños en seda y tul bordados en oro de Worth. Tras el fallecimiento del genio, el relevo pasó a sus hijos, Gastón y Jean-Philippe.
Fue Worth quien también estableció el primer atelier, donde atendía a su clientela con gran esmero.
Sobre la indumentaria de la femme ornée o la "mujer adornada" de la belle époque hay que decir que se caracterizaba por su afán de comprimir y cubrir de postizos el cuerpo femenino. La idea era crear un reloj de arena con las curvas de la dama: frágil cintura y exuberante parte superior e inferior.
El vestuario femenino, incluso en la versión ligeramente suavizada de Worth, recordaba a una camisa de fuerza.
El cuello, alto, estrecho y rígido, obligaba a erguir la cabeza, mientras que los sombreros, algo inclinados y de anchas alas, se decoraban con pesadas plumas de avestruz.
Las mangas estaban ahuecadas en el hombro, se recogían en el codo y se estrechaban hasta la mano. Cubrían hasta los nudillos para no mostrar zonas indecorosas.
Las faldas llegaban hasta el suelo y se ensanchaban en las caderas, cayendo en forma de campana.
Su parte posterior estaba decorada con pliegues y rematada con una pequeña cola.
Los zapatos y botines eran puntiagudos y se sostenían sobre medios tacones barrocos.
Los complementos imprescindibles eran las medias de seda negra, los guantes ajustados y la sombrilla, que servía para preservar el tono blanco de la piel.
Para el día se usaban telas de lino, terciopelo y lana.
Los colores eran pasteles claros o apagados como el rosa, azul o malva.
Estos vestidos se engalanaban con galones, cintas, lazos y volantes.
Para la noche se recurría a la seda, las puntillas, la muselina, el tul, el crespón de China o el satén entre otros.
Los trajes presentaban ricos adornos y generosos escotes.
Eran imprescindibles los guantes largos para "vestir los brazos" y para que no se vieran las manos desnudas.
Fuentes:
Información extraida del libro de Charlotte Seeiling "MODA. El siglo de los diseñadores" Editorial Könemann.
Por Ana Alvarez de Estilo y Moda
Buen Vestir
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Este modisto Inglés llegó a París tras siete años de formación en Londres. En 1858 funda junto a su socio Boberg su propia casa de moda en la Rue de la Paix, de la que toma en 1871 la dirección en solitario.
Worth sentó las pautas que definirían el concepto del diseñador moderno, atribuyéndose la categoría de celebridad mediante un acto atrevido pero sencillo: firmar sus prendas cual si fueran obras de arte.
Además, cada nuevo año presentaba una colección con la que aumentar sus ventas y por tanto sus beneficios. Esta innovación revolucionaria de las colecciones de temporada es una fuente de la que los actuales diseñadores siguen sacando provecho.
Las líneas de Worth eran sencillas, redujo la crinolina, de modo que la falda caía plana por la parte delantera y recogió el exceso de tela por detrás.
La palabra modisto se creó especialmente para calificar a Worth, que consiguió unir la técnica inglesa del corte con el derroche de elegancia propio de los franceses.
Así pues, el joven Worth se convirtió en un personaje y trabajó en círculos privilegiados siendo el modisto favorito y vistiendo a personalidades de la época, como la Emperatriz Isabel de Austria, Eugenia, la esposa de Napoleón III, Sarah Bernhardt y Eleonora Duse. Debió gran parte de su fama a las emperatrices de la época: Isabel y Eugenia. Ambas se hicieron retratar para la posteridad luciendo diseños en seda y tul bordados en oro de Worth. Tras el fallecimiento del genio, el relevo pasó a sus hijos, Gastón y Jean-Philippe.
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Maria Cristina vestida por Worth
Maria Cristina vestida por Worth
Fue Worth quien también estableció el primer atelier, donde atendía a su clientela con gran esmero.
Sobre la indumentaria de la femme ornée o la "mujer adornada" de la belle époque hay que decir que se caracterizaba por su afán de comprimir y cubrir de postizos el cuerpo femenino. La idea era crear un reloj de arena con las curvas de la dama: frágil cintura y exuberante parte superior e inferior.
El vestuario femenino, incluso en la versión ligeramente suavizada de Worth, recordaba a una camisa de fuerza.
El cuello, alto, estrecho y rígido, obligaba a erguir la cabeza, mientras que los sombreros, algo inclinados y de anchas alas, se decoraban con pesadas plumas de avestruz.
Las mangas estaban ahuecadas en el hombro, se recogían en el codo y se estrechaban hasta la mano. Cubrían hasta los nudillos para no mostrar zonas indecorosas.
Las faldas llegaban hasta el suelo y se ensanchaban en las caderas, cayendo en forma de campana.
Su parte posterior estaba decorada con pliegues y rematada con una pequeña cola.
Los zapatos y botines eran puntiagudos y se sostenían sobre medios tacones barrocos.
Los complementos imprescindibles eran las medias de seda negra, los guantes ajustados y la sombrilla, que servía para preservar el tono blanco de la piel.
Para el día se usaban telas de lino, terciopelo y lana.
Los colores eran pasteles claros o apagados como el rosa, azul o malva.
Estos vestidos se engalanaban con galones, cintas, lazos y volantes.
Para la noche se recurría a la seda, las puntillas, la muselina, el tul, el crespón de China o el satén entre otros.
Los trajes presentaban ricos adornos y generosos escotes.
Eran imprescindibles los guantes largos para "vestir los brazos" y para que no se vieran las manos desnudas.
Fuentes:
Información extraida del libro de Charlotte Seeiling "MODA. El siglo de los diseñadores" Editorial Könemann.
Por Ana Alvarez de Estilo y Moda
Buen Vestir
Última edición por Raisah el Lun Jul 05, 2010 9:48 am, editado 1 vez
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Pi pu píííu!
Blog Anacrónicos
Re: Charles Frederick Worth
Este hombre fue un visionario. Gracias por la aaportación, Raisah, me ha encantado.

Lady Áyden- Admin
- Mensajes: 1921
Fecha de inscripción: 26/02/2010
Localización: Cruzando océanos de tiempo
Re: Charles Frederick Worth
A parte de visionario fuez capaz de dirigir el negocio de tal manera que fuera rentable, puntero; utilizando la propaganda fue capaz de lo que muchos no lograron, que su nombre fuera reconocido y recordado. Y de paso, dejó tras de sí una obra que bien nos gustaría tocar a muchas
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Elizabeth Anne Montgomery- Admin
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